Este puente de la “Purísima” ha servido para cerrar círculos, de hecho hemos cerrado unos cuantos. Sevilla estaba primaveral, sería por tu presencia que la llenaba de calidez.
Todo ha sido distinto, he abandonado la comodidad del coche de alquiler por la poca asiduidad del bus interurbano. Toda una experiencia renovada, a tu lado, claro.
Hemos paseado anárquicamente por la ciudad, picoteado de un sitio a otro. Hemos descubierto el metro de Sevilla. Digno de mención. Moderno, rápido, bien estructurado, algo incómodo, eso si. Los asientos parecían de un puzzle infantil, inundado de muchos colorines pero mal reposo para el culo del joven anciano que suscribe.
Ha sido hermoso cerrar círculos contigo. Variopintos y redondos, del Gran Poder a la Puerta de la Carne. Colmados de nuevas experiencias, tanto hemos comido pescado a granel, refrescado con una rica cerveza autóctona servida por el 3 de Oros. Cómo nos hemos sentado al fresco en la Hostería del Laurel, aquella donde comienza el Tenorio..., recuerdas? Aquella que inmortalizó José Zorrilla en boca de Don Diego Tenorio, padre de Don Juan: ¿La Hostería del Laurel? En ella estáis caballero... Nos “canaron”, es cierto, pero era nuestro capricho. Total, cada día no se tiene la oportunidad de tomar el aperitivo en tan insigne lugar y, el jamón, aunque escaso, era bueno.
Nuestra Señora de la Esperanza, Macarena, ver brillar tus ojos ante los reflejos del sol frente a la pía basílica es impagable. Tu cara de Niña, iluminada por tu sonrisa y poco después verte circunspecta e introspecta haciendo tus súplicas llena de fervor. Esas croquetas de perejil o un rato después verte degustar las berenjenas rebozadas, recién fritas, sobre un delicioso lecho de salmorejo, en Casa Rafita, donde las berenjenas están bien fritas.
Decías, hemos de volver, han quedado muchas cosas por ver. Es cierto, no hemos visto un montón de cosas, la Plaza de España, el Parque de María Luisa, Triana, el puente de la Barqueta, en fin. Pero también fue maravilloso verte pasear junto a la Maestranza, inmortalizar el momento frente a la estatua de Curro Romero y ver tu cara de pasmo cuando encargaba un cuarto de adobo y otras frituras para saborearlas al frío del otoño.
Los postres, eso no tiene parangón contigo. Si no existieran, habria que inventarlos para ti.
Todo ha sido distinto, he abandonado la comodidad del coche de alquiler por la poca asiduidad del bus interurbano. Toda una experiencia renovada, a tu lado, claro.
Hemos paseado anárquicamente por la ciudad, picoteado de un sitio a otro. Hemos descubierto el metro de Sevilla. Digno de mención. Moderno, rápido, bien estructurado, algo incómodo, eso si. Los asientos parecían de un puzzle infantil, inundado de muchos colorines pero mal reposo para el culo del joven anciano que suscribe.
Ha sido hermoso cerrar círculos contigo. Variopintos y redondos, del Gran Poder a la Puerta de la Carne. Colmados de nuevas experiencias, tanto hemos comido pescado a granel, refrescado con una rica cerveza autóctona servida por el 3 de Oros. Cómo nos hemos sentado al fresco en la Hostería del Laurel, aquella donde comienza el Tenorio..., recuerdas? Aquella que inmortalizó José Zorrilla en boca de Don Diego Tenorio, padre de Don Juan: ¿La Hostería del Laurel? En ella estáis caballero... Nos “canaron”, es cierto, pero era nuestro capricho. Total, cada día no se tiene la oportunidad de tomar el aperitivo en tan insigne lugar y, el jamón, aunque escaso, era bueno.
Nuestra Señora de la Esperanza, Macarena, ver brillar tus ojos ante los reflejos del sol frente a la pía basílica es impagable. Tu cara de Niña, iluminada por tu sonrisa y poco después verte circunspecta e introspecta haciendo tus súplicas llena de fervor. Esas croquetas de perejil o un rato después verte degustar las berenjenas rebozadas, recién fritas, sobre un delicioso lecho de salmorejo, en Casa Rafita, donde las berenjenas están bien fritas.
Decías, hemos de volver, han quedado muchas cosas por ver. Es cierto, no hemos visto un montón de cosas, la Plaza de España, el Parque de María Luisa, Triana, el puente de la Barqueta, en fin. Pero también fue maravilloso verte pasear junto a la Maestranza, inmortalizar el momento frente a la estatua de Curro Romero y ver tu cara de pasmo cuando encargaba un cuarto de adobo y otras frituras para saborearlas al frío del otoño.
Los postres, eso no tiene parangón contigo. Si no existieran, habria que inventarlos para ti.
Tienes mucha razón...hemos cerrado círculos...y sé que si todo va bien..volveremos...a disfrutar y degustar todo lo que nos queda...Ha sido un placer, vvir Sevilla, "a tu vera"..aunque siempre suele serlo..el estar " a tu vera"...Sé que nos quedan muchos momentos por vivir juntos..te apuntas, Brujo?? K
ResponderEliminaruhm..el año pasado ya no contestaste..y éste ya se cumplieron tres meses sin prodigarte... qqué debo hacer..para motivarte a ello??K
ResponderEliminarLos círculos se cierran cuando se cierran, no cuando uno quiere.
ResponderEliminar