Suelo escribir en este blog una vez al año, el 15
de abril, día de su cumpleaños esta vez me adelanto pues en esa fecha ya no lo
haré. Aquí cierro ese libro que contiene bellos capítulos, ya no sé si
auténticos pero, bellos porqué así los viví y así lo siento.
Siento
en mi interior,
una
profunda decepción,
siento
que no supe ver,
lo
que tenía delante de mi,
siento
que siento,
lo
que fuí.
Pequé de presuntuoso al creer que su corazón me
albergaba en su interior, como decía la canción "... pobre diablo...",
no he sido nada importante, tan solo un refugio de fin de semana alterno, un
pretexto, un lugar de descanso, se vé que mi regazo es cómodo y mi cocina, que
no yo, apetecible.
Cincuentón pasado, calvo, gordo y ya demasiado a
menudo impotente y, encima, pobre y sin futuro. Afortunadamente no todo han
sido errores, a veces parece como si algo nos guiará para hacer o dejar de
hacer cosas, gracias a ello por no permitirme equivocarme más. Al fin y al
cabo, pastillas te las puede dar cualquiera y si ya estás ga-gá pues, tal vez sea
lo mejor, de arsénico para facilitarte un tránsito lento o de cianuro, que es
más expeditivo, lástima que no los vendan en el super, si así fuera lo podría
tener en la mesilla de noche.
Claro, visto lo visto, la niña se aburre y busca
refugio en otros lares donde se ve que son más divertidos, jóvenes y
dicharacheros, ella prefiere dedicar su tiempo a eso que a otros menesteres y,
cuando todo se evidencia porqué, claro, el factor tiempo es inexorable, al
final todo se pone de manifiesto, el bien, el mal, el amor, la tolerancia, la
bondad, la presuntuosidad, la vida, el gran padre Tiempo lo pone todo en su
sitio. Cuando ya está todo en su sitio la gran balanza de la vida hace su
pesaje “et... Voilà” (ella decía que le gustaba que le hablara en francés, que
eso le ponía...) la balanza se decanta, como siempre para el lado que más
pesa, a no ser que este trucada, pero en la balanza de la gran Verdad, eso no
es así. Lo que más pesa, pesa más! Entonces te das cuenta que eres un auténtico
imbécil.
El vacío te engulle, no te puedes agarrar a nada
para sujetarte. Podrías, pero el pasmo se apodera de ti y, claro, en tal
situación los brazos se quedan pegados a tu cuerpo y nada puedes hacer, estás
completamente inerte en manos de la gravedad abisal. Aunque con la mente
pudieras conseguir agarrarte a algo tampoco podrías porque el absurdo que eres,
cuando te apercibes de la realidad, también queda paralizado.
Dijo don Antonio Machado, poeta y habitante ilustre
del cementerio de Colliure, “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es
pasar...”. Pues, sí, todo pasa y esta sensación de vacío en el alma, también
pasará, seguro, el camino será duro y doloroso pero pasará y formará parte de
esa capa de pátina que cubre nuestra vida, una capa más de pintura que oculta
el sufrimiento a los ojos de los demás y que nos hace parecer normales. Todos
somos normales porque vamos con la máscara de la normalidad por la vida, cada
uno sabe lo que pasa en su interior pero, cara a fuera, somos normales, felices
y buenos ciudadanos. A veces esas capas de pintura se depositan sobre el corazón,
es cierto que lo endurecen, por fuera pero, también lo protegen.
No sé por qué, al final siempre se produce alguna
grieta en el caparazón y lo alcanza algo doloroso. Es sabido que el exceso de
dureza acaba por romper los materiales más duros. Además, el hombre siempre
tropieza varias veces en la misma piedra y, hasta el más listo de los mortales
acaba sucumbiendo a las fatídicas palabras... no creas que soy como l@s demás,
yo soy Distint@. En casi siete años no he descubierto en qué. El principio y el
final son idénticos a todos los demás principios y finales, bueno, lo de en
medio, si pero, obviaré escribirlo, yo lo sé y ella debería saberlo, si no lo
sabe... bufff, que mal! Dejaré una pista (YO, YO, YO, YO...).
En fin, aquí lo dejo, me he podido vaciar un poco y
me he explicado por qué no he perdido la dignidad suplicándole, al fin y al
cabo yo también soy un “Single” y a lo mejor, hasta me pongo a la faena de
buscar el amor o, mejor no, que luego el batacazo, duele.

